Es obvio que, mientras los gobiernos de nuestro país sigan precarizando la educación pública, la formación académica de nuestros jóvenes será mejor o peor en función del tamaño de la cartera de sus familias”

OPINIÓN. Málaga desde dentro. Por Daniel Tomaselli
Historiador y responsable de comunicación del PCTE Málaga


13/06/19. Opinión. Daniel Tomaselli, historiador y responsable de comunicación del PCTE en Málaga, reflexiona en su habitual colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre la Selectividad, que la juventud está ‘sufriendo’  en las distintas universidades estos días. Tomaselli apunta que “no parece aventurado afirmar que la selectividad no es más que una criba para la juventud trabajadora de...

...España ante la falta de plazas universitarias. Una oferta educativa insuficiente debido a la falta de financiación pública de las universidades españolas y a la sumisión de nuestros gobiernos a los criterios y dictados del mercado”, y finaliza su escrito con una propuesta firme: “Defender una educación pública de calidad es también rechazar de manera rotunda la Selectividad”.

Selectividad. Un obstáculo para el desarrollo académico de los jóvenes de familias trabajadoras

EN estos días de junio es habitual ver en nuestra ciudad mareas de jóvenes estudiantes preuniversitarios acudiendo, con cara de circunstancia, a realizar los temidos exámenes de selectividad.


PERO, detrás de la nostalgia de aquellos que observamos desde fuera a las nuevas generaciones dando sus primeros pasos en el mundo universitario, hay muchas historias, mucha presión, mucho miedo a quedarse a las puertas de las expectativas propias y ajenas.

PARECE mayoritariamente aceptada la idea de que la Selectividad es una prueba igualitaria que mide las capacidades de nuestros jóvenes para seleccionar a los más preparados para desempeñar una u otra titulación universitaria.

SIN embargo, la realidad demuestra que no todos acuden en igualdad de condiciones a esta prueba de selección.

YA en la preparación que nuestros jóvenes reciben en sus respectivos institutos observamos evidentes desigualdades. Mientras los centros públicos de los barrios obreros están cada vez más masificados y se ven privados de muchos recursos de utilidad para la formación de los estudiantes, los centros privados y concertados de las zonas más acomodadas gozan de instalaciones nuevas, bien equipadas y de una ratio inferior por aula.

ES
obvio que, mientras los gobiernos de nuestro país sigan precarizando la educación pública, la formación académica de nuestros jóvenes será mejor o peor en función del tamaño de la cartera de sus familias. Más, si cabe, si a esto le sumamos la necesidad de muchos alumnos de recibir clases extraescolares para reforzar sus conocimientos en determinadas materias.


POR si esto fuera poco, cabe añadir que es diferente la presión con la que se enfrentan a esta prueba los estudiantes de nuestro país en función de su extracción social. Si para los jóvenes de familias trabajadoras la selectividad es la única posibilidad que tienen para acceder a los estudios universitarios y necesitan conseguir una calificación alta, para los hijos de las familias acomodadas es suficiente tener un aprobado en las pruebas y pagar la matrícula para cursar el grado que desean en la universidad privada.

TENIENDO en cuenta que un título en la privada tiene el mismo valor que uno de la universidad pública ¿Se está seleccionando verdaderamente al alumnado según sus capacidades intelectuales o existe un camino VIP para aquellos que, al margen de su preparación, puedan permitírselo económicamente?

ASÍ las cosas, no parece aventurado afirmar que la selectividad no es más que una criba para la juventud trabajadora de España ante la falta de plazas universitarias. Una oferta educativa insuficiente debido a la falta de financiación pública de las universidades españolas y a la sumisión de nuestros gobiernos a los criterios y dictados del mercado.

DEFENDER una educación pública de calidad es también rechazar de manera rotunda la Selectividad.

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